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	<title>Richard Matheson &#8211; EspecialistaMike.com</title>
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	<description>Cine, Series, Frikadas</description>
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	<title>Richard Matheson &#8211; EspecialistaMike.com</title>
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		<title>The Box: esta caja es una ruina</title>
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		<dc:creator><![CDATA[Maxrebo]]></dc:creator>
		<pubDate>Thu, 05 Nov 2009 01:44:05 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Críticas]]></category>
		<category><![CDATA[Cameron Díaz]]></category>
		<category><![CDATA[Richard Matheson]]></category>
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					<description><![CDATA[&#191;Estar&#237;ais dispuestos a ser los responsables de la muerte de una persona a cambio de un m&#243;dico precio ? Pongamos&#8230; un mill&#243;n de d&#243;lares. Ese dilema moral es el punto de partida the The Box, la tercera pel&#237;cula del singular Richard Kelly. El autor de la intrigante Donnie Darko (2001) y la ambiciosa, desmesurada y fallida Southland Tales (2006) adapta el relato corto Button, Button (1970) de Richard Matheson, nombre clave en la tradici&#243;n de la fantas&#237;a, el horror y la ciencia ficci&#243;n literaria y en su traslaci&#243;n ( a menudo merced a sus propios guiones) a la peque&#241;a y gran pantalla. Un par de ejemplos bastan para comprender la grandeza del escritor estadounidense: El hombre menguante, llevada al cine de forma magistral por Jack Arnold en 1956 (The incredible shrinking man) y Soy Leyenda, que ha sufrido/gozado de diversas versiones, destacando L&#8217;ultimo uomo della terra (1964), coproducci&#243;n italo-americana protagonizada por Vincent Price,&#160; y la m&#225;s contempor&#225;nea (y traicionera) I am Legend, de Francis Lawrence (2007), con Will Smith en el rol del &#250;ltimo hombre vivo. Button, Button ya fue adaptado en los ochenta para la m&#237;tica serie televisiva The Twilight Zone, respetando el formato de narraci&#243;n breve. En manos de Kelly, la escueta historia de Matheson se alarga innecesariamente, navegando entre el suspense y la ciencia ficci&#243;n metaf&#237;sica. La acci&#243;n arranca en Richmond, Virginia, en el hogar del matrimonio Lewis, una fr&#237;a ma&#241;ana de 1976. Arthur y Norma&#160; (James Marsden y Cameron Diaz) reciben una caja que contiene un dispositivo coronado por un bot&#243;n rojo. Esa misma tarde, un misterioso visitante, Mr. Steward (Frank Langella), les informar&#225; de que si aprietan el bot&#243;n en un plazo de 24 horas recibir&#225;n la bonita suma de 1 mill&#243;n de d&#243;lares, libres de impuestos, pero una persona desconocida por ellos morir&#225;. Lo que en principio parece una broma acabar&#225; siendo un asunto muy serio&#8230; Porque amigos, nadie vende duros a tres pesetas. A poco que hayamos le&#237;do cuentos y visto pel&#237;culas sabremos que si un desconocido se planta en nuestra casa, nos ofrece by the face un fajo de d&#243;lares y aceptamos, tendremos problemas, verdaderos problemas. La Caja es la perversi&#243;n de la L&#225;mpara de Aladino: un anhelo a cambio de una vida sin importancia. O una alternativa a La pata de mono de W.W. Jacobs, el repugnante amuleto que conceder&#225; 3 deseos con trampa al que la posea. &#191;Acaso creemos que podemos jugar a ser Dioses, decidir la muerte de un ser, y no sufrir las consecuencias ?. Ni hablar. &#160; The Box se presenta bajo un envoltorio encomiable. Tres aspectos art&#237;stico-t&#233;cnicos sobresalen: la fotograf&#237;a de Steven Poster, pr&#243;diga en el uso de simetr&#237;as y ejemplar en la sabia utilizaci&#243;n de los grandes espacios exteriores (las instalaciones de la NASA) e interiores (la biblioteca) en los que se desarrolla la acci&#243;n; la m&#250;sica, de permanente regusto a Bernard Herrmann, firmada por Win Butler y R&#233;gine Chassagne (el matrimonio Arcade Fire) y, por &#250;ltimo, la direcci&#243;n art&#237;stica, encargada de transportarnos a la d&#233;cada de los 70 y hacer cre&#237;ble el transfondo cient&#237;fico en el que se mueven tanto el ingeniero espacial y aspirante a astronauta, pap&#225; Lewis, como el enigm&#225;tico Mr. Steward. Los actores cumplen sobradamente: Cameron Diaz es una estupenda comendianta, pero aqu&#237; se maneja bien en un papel dram&#225;tico. A Langella le basta s&#243;lo con poner media cara para convencernos. Tal vez Marsden sea el pilar m&#225;s flojo del terceto protagonista, pero podemos aceptar al pat&#225;n del C&#237;clope como animal de compa&#241;&#237;a. Kelly maneja todos esos recursos con estilo y elegancia, con una narraci&#243;n formalmente ejemplar, dosificando la intriga que avanza desde la potente premisa argumental&#8230; hasta que la pel&#237;cula, literalmente, hace aguas. El director virginiano presenta al n&#250;cleo familiar protagonista y al deforme visitante que desencadena la trama, plantea el dilema moral de forma cre&#237;ble y cierra un primer acto mod&#233;lico. El nudo del film mantiene en parte el inter&#233;s debido a la intriga despertada en el espectador, a la par que abre nuevos interrogantes (qu&#233;, qui&#233;nes, porqu&#233;). Pero a la hora de poner las cartas sobre la mesa, en su af&#225;n por establecer una teor&#237;a sobre la dichosa Caja, Kelly naufraga, firmando un acto final en el que los acontecimientos se suceden de forma confusa y apresurada (incluso da la sensaci&#243;n de haber sufrido alg&#250;n tijeretazo, a pesar de las casi dos horas de duraci&#243;n). En su faceta de guionista, independizado ya del terreno previamente asfaltado por Matheson,&#160; el cineasta trata de cerrar las m&#250;ltiples ramificaciones del relato y desvelar la inc&#243;gnita principal: &#191;estamos ante una conspiraci&#243;n humana, un experimento extraterrestre o una Prueba Divina?. No hay una resoluci&#243;n satisfactoria, por lo que todo lo visto hasta entonces &#250;nicamente sirve para diluir la fuerza de la historia adaptada. Los maestros del relato corto (Poe, Jacobs, Maupassant, el propio Matheson) demostraron que el secreto del magnetismo de sus obras resid&#237;a en la propia concisi&#243;n y la audacia de los sorprendentes giros finales, que en la mayor&#237;a de las ocasiones no ofrec&#237;an ninguna explicaci&#243;n a los hechos narrados. Button, Button es una f&#225;bula sobre el precio de la moralidad de un hombre y una reflexi&#243;n acerca de cu&#225;nto conocemos verdaderamente a los dem&#225;s, en concreto a nuestros seres m&#225;s cercanos. En The Box apenas hay tres frases de gui&#243;n sobre este &#250;ltimo concepto.&#160; La versi&#243;n de Richard Kelly resulta atractiva por momentos, pero fracasa en su intento de ir m&#225;s all&#225; de la sencilla, aunque demoledora, idea original, dilatando y rellenando la trama de forma artificiosa. Y es que en ocasiones no es necesario a&#241;adir nada m&#225;s. Bien lo sab&#237;an los cl&#225;sicos.]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[<p>&iquest;Estar&iacute;ais dispuestos a ser los responsables de la muerte de una persona a cambio de un <em>m&oacute;dico precio</em> ? Pongamos&#8230; un mill&oacute;n de d&oacute;lares. Ese dilema moral es el punto de partida the <strong>The Box</strong>, la tercera pel&iacute;cula del singular <strong>Richard Kelly</strong>. El autor de la intrigante <strong>Donnie Darko</strong> (2001) y la ambiciosa, desmesurada y fallida <strong>Southland Tales</strong> (2006) adapta el relato corto <strong><em>Button, Button</em></strong> (1970) de <strong>Richard Matheson</strong>, nombre clave en la tradici&oacute;n de la fantas&iacute;a, el horror y la ciencia ficci&oacute;n literaria y en su traslaci&oacute;n ( a menudo merced a sus propios guiones) a la peque&ntilde;a y gran pantalla. Un par de ejemplos bastan para comprender la grandeza del escritor estadounidense: <strong><em>El hombre menguante</em></strong>, llevada al cine de forma magistral por <strong>Jack Arnold</strong> en 1956 (<strong>The incredible shrinking man</strong>) y <strong><em>Soy Leyenda</em></strong>, que ha sufrido/gozado de diversas versiones, destacando <strong>L&#8217;ultimo uomo della terra </strong>(1964), coproducci&oacute;n italo-americana protagonizada por <strong>Vincent Price</strong>,&nbsp; y la m&aacute;s contempor&aacute;nea (y traicionera) <strong>I am Legend</strong>, de <strong>Francis Lawrence</strong> (2007), con <strong>Will Smith</strong> en el rol del <em>&uacute;ltimo hombre vivo</em>. <strong>Button, Button</strong> ya fue adaptado en los ochenta para la m&iacute;tica serie televisiva <strong>The Twilight Zone</strong>, respetando el formato de narraci&oacute;n breve. En manos de <strong>Kelly</strong>, la escueta historia de <strong>Matheson</strong> se alarga innecesariamente, navegando entre el suspense y la ciencia ficci&oacute;n metaf&iacute;sica.</p>
<p>La acci&oacute;n arranca en Richmond, Virginia, en el hogar del matrimonio <strong>Lewis</strong>, una fr&iacute;a ma&ntilde;ana de 1976. <strong>Arthur</strong> y <strong>Norma</strong>&nbsp; (<strong>James Marsden</strong> y <strong>Cameron Diaz</strong>) reciben una caja que contiene un dispositivo coronado por un bot&oacute;n rojo. Esa misma tarde, un misterioso visitante, <strong>Mr. Steward</strong> (<strong>Frank Langella</strong>), les informar&aacute; de que si aprietan el bot&oacute;n en un plazo de 24 horas recibir&aacute;n la bonita suma de 1 mill&oacute;n de d&oacute;lares, libres de impuestos, pero una persona desconocida por ellos morir&aacute;. Lo que en principio parece una broma acabar&aacute; siendo un asunto muy serio&#8230; Porque amigos, nadie vende duros a tres pesetas. A poco que hayamos le&iacute;do cuentos y visto pel&iacute;culas sabremos que si un desconocido se planta en nuestra casa, nos ofrece <em>by the face</em> un fajo de d&oacute;lares y aceptamos, tendremos problemas, verdaderos problemas. La <em>Caja</em> es la perversi&oacute;n de la <em>L&aacute;mpara de Aladino</em>: un anhelo a cambio de una vida sin importancia. O una alternativa a <strong><em>La pata de mono</em></strong> de <strong>W.W. Jacobs</strong>, el repugnante amuleto que conceder&aacute; 3 deseos <em>con trampa</em> al que la posea. &iquest;Acaso creemos que podemos jugar a ser Dioses, decidir la muerte de un ser, y no sufrir las consecuencias ?. Ni hablar.<br /><span id="more-254"></span></p>
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<p><strong>The Box</strong> se presenta bajo un envoltorio encomiable. Tres aspectos art&iacute;stico-t&eacute;cnicos sobresalen: la fotograf&iacute;a de <strong>Steven Poster</strong>, pr&oacute;diga en el uso de simetr&iacute;as y ejemplar en la sabia utilizaci&oacute;n de los grandes espacios exteriores (las instalaciones de la NASA) e interiores (la biblioteca) en los que se desarrolla la acci&oacute;n; la m&uacute;sica, de permanente regusto a <strong>Bernard Herrmann</strong>, firmada por <strong>Win Butler</strong> y <strong>R&eacute;gine Chassagne</strong> (el matrimonio <strong>Arcade Fire</strong>) y, por &uacute;ltimo, la direcci&oacute;n art&iacute;stica, encargada de transportarnos a la d&eacute;cada de los 70 y hacer cre&iacute;ble el transfondo cient&iacute;fico en el que se mueven tanto el ingeniero espacial y aspirante a astronauta,<strong> </strong>pap&aacute; <strong>Lewis</strong>, como el enigm&aacute;tico <strong>Mr. Steward</strong>. Los actores cumplen sobradamente: <strong>Cameron Diaz</strong> es una estupenda comendianta, pero aqu&iacute; se maneja bien en un papel dram&aacute;tico. A <strong>Langella</strong> le basta s&oacute;lo con poner media cara para convencernos. Tal vez <strong>Marsden</strong> sea el pilar m&aacute;s flojo del terceto protagonista, pero podemos aceptar al pat&aacute;n del <em>C&iacute;clope</em> como animal de compa&ntilde;&iacute;a. <strong>Kelly</strong> maneja todos esos recursos con estilo y elegancia, con una narraci&oacute;n formalmente ejemplar, dosificando la intriga que avanza desde la potente premisa argumental&#8230; hasta que la pel&iacute;cula, literalmente, hace aguas.</p>
<p>El director virginiano presenta al n&uacute;cleo familiar protagonista y al deforme visitante que desencadena la trama, plantea el dilema moral de forma cre&iacute;ble y cierra un primer acto mod&eacute;lico. El nudo del film mantiene en parte el inter&eacute;s debido a la intriga despertada en el espectador, a la par que abre nuevos interrogantes (qu&eacute;, qui&eacute;nes, porqu&eacute;). Pero a la hora de poner las cartas sobre la mesa, en su af&aacute;n por establecer una teor&iacute;a sobre la dichosa <em>Caja</em>, <strong>Kelly</strong> naufraga, firmando un acto final en el que los acontecimientos se suceden de forma confusa y apresurada (incluso da la sensaci&oacute;n de haber sufrido alg&uacute;n tijeretazo, a pesar de las casi dos horas de duraci&oacute;n). En su faceta de guionista, independizado ya del terreno previamente asfaltado por <strong>Matheson</strong>,&nbsp; el cineasta trata de cerrar las m&uacute;ltiples ramificaciones del relato y desvelar la inc&oacute;gnita principal: &iquest;estamos ante una conspiraci&oacute;n humana, un experimento extraterrestre o una Prueba Divina?. No hay una resoluci&oacute;n satisfactoria, por lo que todo lo visto hasta entonces &uacute;nicamente sirve para diluir la fuerza de la historia adaptada.</p>
<p>Los maestros del relato corto (<strong>Poe</strong>, <strong>Jacobs, Maupassant</strong>, el propio <strong>Matheson</strong>) demostraron que el secreto del magnetismo de sus obras resid&iacute;a en la propia concisi&oacute;n y la audacia de los sorprendentes giros finales, que en la mayor&iacute;a de las ocasiones no ofrec&iacute;an ninguna explicaci&oacute;n a los hechos narrados. <em><strong>Button, Button</strong></em> es una f&aacute;bula sobre el precio de la moralidad de un hombre y una reflexi&oacute;n acerca de cu&aacute;nto conocemos verdaderamente a los dem&aacute;s, en concreto a nuestros seres m&aacute;s cercanos. En <strong>The Box</strong> apenas hay tres frases de gui&oacute;n sobre este &uacute;ltimo concepto.&nbsp; La versi&oacute;n de <strong>Richard Kelly </strong>resulta atractiva por momentos, pero fracasa en su intento de ir m&aacute;s all&aacute; de la sencilla, aunque demoledora, idea original, dilatando y rellenando la trama de forma artificiosa. Y es que en ocasiones no es necesario a&ntilde;adir nada m&aacute;s. Bien lo sab&iacute;an los cl&aacute;sicos.</p>
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