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	<title>Semana Santa &#8211; EspecialistaMike.com</title>
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	<description>Cine, Series, Frikadas</description>
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	<title>Semana Santa &#8211; EspecialistaMike.com</title>
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		<title>BEN-HUR: La Pasión de Semana Santa</title>
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		<dc:creator><![CDATA[Maxrebo]]></dc:creator>
		<pubDate>Sat, 11 Apr 2009 02:29:23 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Dvdteca]]></category>
		<category><![CDATA[Charlton Heston]]></category>
		<category><![CDATA[Peplum]]></category>
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					<description><![CDATA[Desenga&#241;&#233;monos:&#160; por m&#225;s que le pese a la Curia Vaticana y la Conferencia Episcopal, la Semana Santa pierde adeptos, igual que la Iglesia pierde aspirantes al sacerdocio. &#191;Es consecuencia de un mundo fr&#237;volo, abocado al consumo, que detesta los valores espirituales? &#191;Acaso tienen algo que ver las aberrantes boutades que despacha el Supremo L&#237;der Cat&#243;lico en contra del sentido com&#250;n y del saber cient&#237;fico consolidado?. Ah, chi lo s&#225; ! Pero lo cierto es que para muchos estas Santas Pascuas son tan s&#243;lo un aperitivo de las ya anheladas vacaciones de verano. Unos d&#237;as en los que, si el tiempo lo permite, los m&#225;s valientes pondr&#225;n los pies en remojo en las playas del Levante o del Cant&#225;brico. S&#237;, lo admito, hay tradiciones muy arraigadas en el sentir ib&#233;rico: las representaciones de La Pasi&#243;n o las Procesiones a&#250;n arrastran a miles de devotos. &#201;sas se mantendr&#225;n ah&#237;, gracias al buen hacer de los m&#225;s comprometidos con el credo. Pero las almas perdidas y esc&#233;pticas, como la de este humilde cronista pecador, prefieren otra ineludible costumbre de estas fechas. Una que nos libra a los herejes de la tediosa penitencia y de la insufrible apolog&#237;a del martirio, o por lo menos nos las hace m&#225;s soportables, enfermos de cine como estamos: la proyecci&#243;n indiscriminada y reiterativa de pel&#237;culas de romanos. As&#237; es, amigos, los Romanos, protagonistas indirectos pero decisivos de la vida y milagros de Cristo. Con Jes&#250;s de Nazaret, Quo Vadis?, Rey de Reyes o La T&#250;nica Sagrada, los conquistadores con m&#225;s glamour de la antig&#252;edad acuden puntuales a su cita de cada a&#241;o. No olvidar&#233; a la menos religiosa de todas estas producciones: Espartaco. Os juro que no hay vez que contemple la escena de &#8216;Yo soy Espartaco!&#8217; sin derrumbarme irremisiblemente en el sof&#225;. Es mi favorita, de lejos, una obra inmensa. Y lo digo sin asomo de iron&#237;a. Sin embargo, hoy me apetece hablar del cl&#225;sico de cl&#225;sicos, acaso la &#250;nica de las pel&#237;culas romanas que puede equipararse al t&#237;tulo de Kubrick: me refiero, claro, a Ben-Hur (la del 59, no olvidemos que es un remake del Ben Hur: A Tale of the Christ de Fred Niblo, de 1927). No importa cu&#225;ntas veces la haya visto. Da igual si cae en Jueves Santo, en Domingo de Resurrecci&#243;n, o el Lunes en el que apuro los &#250;ltimos restos del nefando chocolate con leche de la Mona de Pascua. Cuando Ben-Hur flote en las ondas habr&#225; por lo menos un fiel seguidor que gritar&#225; &#8216;Presente!&#8217; al pie de la pantalla. Porque se&#241;ores, hablamos de un pelicul&#243;n de cuando el cine de Hollywood era may&#250;sculo en todos los sentidos. Qu&#233; dram&#243;n, qu&#233; &#233;pica, qu&#233; cruz la de este buen habitante adinerado de Judea, cuyo &#250;nico crimen fue no tener en n&#243;mina a un diligente paleta que le hiciera unos apa&#241;os en el tejadillo!. Qu&#233; fatal aquel tribuno que pasaba justo por debajo de la terraza, qu&#233; cruel el destino, que por un m&#237;sero accidente priv&#243; a nuestro Judah Ben-Hur de su novia y de su mejor amigo (el soberbio colonizador Messala, que pretend&#237;a cortejar a la hermana, aunque yo nunca me lo cre&#237;, porque se ve&#237;a de lejos que s&#243;lo la quer&#237;a para estar cerca de su principito)!. Ah, pobre hermana desdichada, y pobre madre! Mon Dieu, condenadas a mazmorras primero, leprosas y exiliadas despu&#233;s ! Con un accidente est&#250;pido arranca el colosal periplo de nuestro h&#233;roe, un bon vivant reciclado primero a galeote, para ser adoptado despu&#233;s por un noble romano que le ofrece barra libre de vino, mujeres y moda de la &#233;poca. Y luego de vuelta a casa y a triunfar en el Circo, carrer&#243;n de cu&#225;drigas mediante&#8230; Qu&#233; espect&#225;culo! Muerte, castigo y de colof&#243;n, Milagro! Acaso puede superarse esta odisea melodram&#225;tica, esta explosi&#243;n de aventuras, este fest&#237;n de altivez, despecho, tormentos, velocidad equina, pellejos, sangre y religi&#243;n ? Quer&#233;is m&#225;s? Pues tomad: unos chorrazos de homoerotismo que convertir&#225;n hasta los no creyentes en la causa, por lo menos de forma transitoria. Ya lo dije antes, en t&#233;rminos de romanas, s&#243;lo la revuelta de esclavos liderada por Kirk Douglas consigue mejorarla. La pel&#237;cula de William Wyler regala m&#225;s de tres horas de puro m&#250;sculo y lirismo narrativo. Es una apote&#243;sis de los m&#250;ltiples departamentos t&#233;cnicos y art&#237;sticos que fabrican una pel&#237;cula. Un prodigio en Technicolor y Cinemascope, amenizado por la rotunda y conmovedora partitura de Mikl&#243;s R&#243;zsa. Once Oscars la avalan. S&#237;, ya s&#233; que Titanic tambi&#233;n tiene 11, pero vais a comparar? si uno de los de Titanic se lo dieron a C&#233;line Dion!, motivo suficiente para inhabilitar (cuando no encarcelar) de por vida a los acad&#233;micos responsables de semejante dislate. No, no, hacedme caso, saboread este vino a&#241;ejo que se dignan a servirnos las televisiones durante estos d&#237;as. Y por encima de todo, disfrutad de Charlton Heston, en gloria est&#233;. Admirad ese cuello herc&#250;leo, ese ment&#243;n tit&#225;nico, esos pectorales anchos y planos cual Castilla, esos miembros marm&#243;reos, torneados con el cincel de un Prax&#237;teles. Qu&#233; digo un Prax&#237;teles, un Miguel &#193;ngel ! Y luego, ese semblante torvo, esa forma adusta de mirar, como de arriba abajo, no importa si montando en cu&#225;driga, d&#225;ndole al remo o embadurnado en los primitivos lodos de Egipto vestido con un taparrabos harapiento. O vagabundeando semidesnudo por planetas gobernados por simios o exterminando marabuntas mientras discute con una mujer que suena como un piano desafinado porque lo han tocado demasiados m&#250;sicos. No importa d&#243;nde, ni cu&#225;ndo, ni c&#243;mo, ni con qui&#233;n. Ese hombre era un actor total, un aut&#233;ntico crack. Repitan conmigo: C-R-A-C-K !! &#160;]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[<p>Desenga&ntilde;&eacute;monos:&nbsp; por m&aacute;s que le pese a la Curia Vaticana y la Conferencia Episcopal, la Semana Santa pierde adeptos, igual que la Iglesia pierde aspirantes al sacerdocio. &iquest;Es consecuencia de un mundo fr&iacute;volo, abocado al consumo, que detesta los valores espirituales? &iquest;Acaso tienen algo que ver las aberrantes <em>boutades</em> que despacha el Supremo L&iacute;der Cat&oacute;lico en contra del sentido com&uacute;n y del saber cient&iacute;fico consolidado?. <em>Ah, chi lo s&aacute;</em> ! Pero lo cierto es que para muchos estas Santas Pascuas son tan s&oacute;lo un aperitivo de las ya anheladas vacaciones de verano. Unos d&iacute;as en los que, si el tiempo lo permite, los m&aacute;s valientes pondr&aacute;n los pies en remojo en las playas del Levante o del Cant&aacute;brico.</p>
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<div align="left">S&iacute;, lo admito, hay tradiciones muy arraigadas en el sentir ib&eacute;rico: las representaciones de La Pasi&oacute;n o las Procesiones a&uacute;n arrastran a miles de devotos. &Eacute;sas se mantendr&aacute;n ah&iacute;, gracias al buen hacer de los m&aacute;s comprometidos con el credo. Pero las almas perdidas y esc&eacute;pticas, como la de este humilde cronista pecador, prefieren otra ineludible costumbre de estas fechas. Una que nos libra a los herejes de la tediosa penitencia y de la insufrible apolog&iacute;a del martirio, o por lo menos nos las hace m&aacute;s soportables, enfermos de cine como estamos: la proyecci&oacute;n indiscriminada y reiterativa de pel&iacute;culas de romanos.</div>
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<div align="left">As&iacute; es, amigos, los Romanos, protagonistas indirectos pero decisivos de la vida y milagros de Cristo. Con <strong>Jes&uacute;s de Nazaret, Quo Vadis?, Rey de Reyes</strong> o <strong>La T&uacute;nica Sagrada</strong>, los conquistadores con m&aacute;s glamour de la antig&uuml;edad acuden puntuales a su cita de cada a&ntilde;o. No olvidar&eacute; a la menos religiosa de todas estas producciones:<strong> Espartaco</strong>. Os juro que no hay vez que contemple la escena de <em>&#8216;Yo soy Espartaco!&#8217; </em>sin derrumbarme irremisiblemente en el sof&aacute;. Es mi favorita, de lejos, una obra inmensa. Y lo digo sin asomo de iron&iacute;a. Sin embargo, hoy me apetece hablar del cl&aacute;sico de cl&aacute;sicos, acaso la &uacute;nica de las pel&iacute;culas romanas que puede equipararse al t&iacute;tulo de <strong>Kubrick</strong>: me refiero, claro, a <strong>Ben-Hur </strong>(la del 59, no olvidemos que es un remake del <strong>Ben Hur</strong>: <strong>A</strong> <strong>Tale of the Christ </strong>de <strong>Fred Niblo</strong>, de 1927). No importa cu&aacute;ntas veces la haya visto. Da igual si cae en Jueves Santo, en Domingo de Resurrecci&oacute;n, o el Lunes en el que apuro los &uacute;ltimos restos del nefando chocolate con leche de la Mona de Pascua. Cuando<strong> Ben-Hur</strong> flote en las ondas habr&aacute; por lo menos un fiel seguidor que gritar&aacute; &#8216;Presente!&#8217; al pie de la pantalla.</div>
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<div align="left">Porque se&ntilde;ores, hablamos de un pelicul&oacute;n de cuando el cine de Hollywood era may&uacute;sculo en todos los sentidos. Qu&eacute; dram&oacute;n, qu&eacute; &eacute;pica, qu&eacute; cruz la de este buen habitante adinerado de Judea, cuyo &uacute;nico crimen fue no tener en n&oacute;mina a un diligente paleta que le hiciera unos apa&ntilde;os en el tejadillo!. Qu&eacute; fatal aquel tribuno que pasaba justo por debajo de la terraza, qu&eacute; cruel el destino, que por un m&iacute;sero accidente priv&oacute; a nuestro <strong>Judah Ben-Hur</strong> de su novia y de su mejor amigo (el soberbio colonizador<strong> Messala</strong>, que pretend&iacute;a cortejar a la hermana, aunque yo nunca me lo cre&iacute;, porque se ve&iacute;a de lejos que s&oacute;lo la quer&iacute;a para estar cerca de su <em>principito</em>)!. Ah, pobre hermana desdichada, y pobre madre! <em>Mon Dieu</em>, condenadas a mazmorras primero, leprosas y exiliadas despu&eacute;s ! Con un accidente est&uacute;pido arranca el colosal periplo de nuestro h&eacute;roe, un <em>bon vivant </em>reciclado primero a galeote, para ser adoptado despu&eacute;s por un noble romano que le ofrece barra libre de vino, mujeres y moda de la &eacute;poca. Y luego de vuelta a casa y a triunfar en el Circo, carrer&oacute;n de cu&aacute;drigas mediante&#8230; Qu&eacute; espect&aacute;culo! Muerte, castigo y de colof&oacute;n, Milagro! Acaso puede superarse esta odisea melodram&aacute;tica, esta explosi&oacute;n de aventuras, este fest&iacute;n de altivez, despecho, tormentos, velocidad equina, pellejos, sangre y religi&oacute;n ? Quer&eacute;is m&aacute;s? Pues tomad: unos <em>chorrazos</em> de homoerotismo que convertir&aacute;n hasta los no creyentes en la causa, por lo menos de forma transitoria. Ya lo dije antes, en t&eacute;rminos de romanas, s&oacute;lo la revuelta de esclavos liderada por <strong>Kirk Douglas</strong> consigue mejorarla.</p>
<p>La pel&iacute;cula de <strong>William Wyler</strong> regala m&aacute;s de tres horas de puro m&uacute;sculo y lirismo narrativo. Es una apote&oacute;sis de los m&uacute;ltiples departamentos t&eacute;cnicos y art&iacute;sticos que fabrican una pel&iacute;cula. Un prodigio en Technicolor y Cinemascope, amenizado por la rotunda y conmovedora partitura de <strong>Mikl&oacute;s R&oacute;zsa</strong>. Once Oscars la avalan. S&iacute;, ya s&eacute; que <strong>Titanic</strong> tambi&eacute;n tiene 11, pero vais a comparar? si uno de los de Titanic se lo dieron a <em><strong>C&eacute;line Dion</strong>!</em>, motivo suficiente para inhabilitar (cuando no encarcelar) de por vida a los acad&eacute;micos responsables de semejante dislate. No, no, hacedme caso, saboread este vino a&ntilde;ejo que se dignan a servirnos las televisiones durante estos d&iacute;as. Y por encima de todo, disfrutad de <strong>Charlton Heston</strong>, en gloria est&eacute;. Admirad ese cuello herc&uacute;leo, ese ment&oacute;n tit&aacute;nico, esos pectorales anchos y planos cual Castilla, esos miembros marm&oacute;reos, torneados con el cincel de un Prax&iacute;teles. Qu&eacute; digo un Prax&iacute;teles, un Miguel &Aacute;ngel ! Y luego, ese semblante torvo, esa forma adusta de mirar, como de arriba abajo, no importa si montando en cu&aacute;driga, d&aacute;ndole al remo o embadurnado en los primitivos lodos de Egipto vestido con un taparrabos harapiento. O vagabundeando semidesnudo por planetas gobernados por simios o exterminando marabuntas mientras discute con una mujer que <em>suena como un piano desafinado porque lo han tocado demasiados m&uacute;sicos</em>. No importa d&oacute;nde, ni cu&aacute;ndo, ni c&oacute;mo, ni con qui&eacute;n. Ese hombre era un actor total, un aut&eacute;ntico crack. Repitan conmigo: <strong>C-R-A-C-K</strong> !!</div>
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