Hay algo tremendamente atractivo en una película que parte de una premisa tan sencilla como esta: un grupo de personas acaba perdido en un pantano y descubre que tiene un pequeño problema… un hipopótamo asesino anda suelto. Y tiene hambre. Mucha hambre.
Hungry no pretende reinventar el cine de monstruos ni falta que le hace. Estamos ante uno de esos monster movies de manual, de los que uno pone una tarde cualquiera esperando ver a un bicho grande persiguiendo, aplastando y devorando humanos. Y, en ese sentido, cumple bastante bien.
UN HIPOPÓTAMO MUY CABREADO
El principal responsable de que la cosa funcione es, evidentemente, el hipopótamo. Aunque buena parte de la película transcurre en una oscuridad que parece diseñada específicamente para que no veamos demasiado, cuando el animal aparece resulta bastante convincente. El CGI no canta especialmente y el hipopótamo tiene el peso y la presencia necesarios para resultar una amenaza creíble.
Y no era sencillo. Estamos acostumbrados a que los monstruos cinematográficos tengan colmillos, garras, tentáculos o cualquier otra característica que grite «SOY UN MONSTRUO». Aquí tenemos, básicamente, a un hipopótamo cabreado, que en realidad ya es bastante terrorífico sin necesidad de mutaciones.
El problema es que Hungry tampoco tiene demasiadas ideas más allá de soltar al hipopótamo y poner personajes delante.
La historia nos resulta familiar desde el primer minuto. Grupo de personas se mete donde no debe, vuelcan la barca, quedan atrapado en un lugar del que no puede salir, criatura que aparece cuando menos conviene, personajes que se separan cuando deberían permanecer juntos y decisiones que desafían cualquier concepto conocido de instinto de supervivencia. Todo ello acompañado de esa inevitable sensación de «¿pero por qué coño haces eso?» que tanto hemos disfrutado en este tipo de películas.
MUCHO PANTANO Y POCA SORPRESA
El escenario, además, condiciona bastante la película. Aquí no hay carreras desesperadas por pasillos ni gente huyendo a toda velocidad: estamos en un pantano, así que toca nadar, chapotear y tratar de mantenerse a flote mientras sabes que debajo del agua puede aparecer una bestia de varias toneladas. Una situación que, sobre el papel, debería dar muchísimo más juego del que finalmente consigue sacarle la película.
Porque Hungry acaba resultando algo insulsa y repetitiva. Hay situaciones que se alargan más de la cuenta y una estructura bastante previsible, mientras que algunas decisiones de los personajes parecen estar diseñadas exclusivamente para conseguir que el hipopótamo tenga otra oportunidad de atacar.
Pero tampoco sería justo pedirle a Hungry lo que nunca ha prometido. Esto es cine de monstruos de usar y tirar, una de esas películas que probablemente no recordarás dentro de unos meses pero que, mientras la estás viendo, consigue darte exactamente lo que has venido a buscar.
Un hipopótamo cabreado. Gente intentando sobrevivir en un pantano. Agua por todas partes. Algún que otro mordisco. Decisiones absurdas y un bicho bastante bien conseguido haciendo lo que se espera de él.
No descubre absolutamente nada, pero tampoco pretende hacerlo. Tres estrellas sobre cinco para un monster movie que cumple, entretiene y te arregla una tarde, aunque probablemente al día siguiente ya estés pensando en otra cosa.