Huelga destripar nada del argumento (nunca mejor dicho), pero tampoco sería un sacrilegio hacerlo, por su total sencillez, con el añadido mencionado de que, al contrario de la película de Chicho, aquí se explica el porqué del comportamiento de los chicos y chicas, en una trama entre delirante y ridícula, que quizá pretende trascender en denuncia o análisis social, pero que queda en eso, en algo bizarro.
Es imposible no ver de qué va la ‘Dulce sabor a muerte’ (‘Ice Cream Man’) y no acordarse de la película de Chicho Ibáñez Serrador (el del ‘1, 2,3’), ‘Cómo matar a un niño’. Pero esa sí era una película terrorífica, inquietante, sin explicación alguna, de unos críos que se convierten en psicópatas y asesinos implacables en un pueblo costero.
La propuesta de Eli Roth (‘Hostel’, ‘Knock, knock’) no sabemos si quería beber de esa fuente, por otro lado, mucho menos sangrienta que esta. Es más, estamos ante un film que, por mucho que se adentre en el humor negro, no deja de impactar tanta sangre, vísceras y realismo atroz, sin duda, lo mejor de la película, no por lo que aporta, sino por lo bien que está hecho (abstenerse estómagos delicados). Lo curioso es que ese “realismo” era tanto, que el director confesó que se había hecho con IA.
Niños, eso no se hace
Entre tanto, asistimos a clichés de las películas de cine gore B, del terror ochentero y adolescente, y de sonrojantes referencias a una obra maestra de Alfred Hitchcock. Dicho todo eso, no significa que no sea entretenida, pero no hecha para el cine, sino para una tarde tonta palomitera en el sofá de tu casa.
No sabemos si ‘Dulce sabor a muerte’ pretendía llegar lejos en lo artístico y en la propuesta argumental, o simplemente es un divertimento gamberro con algo tan poco habitual en el cine como unos niños que se convierten en máquinas de matar y mutilar adultos. La realidad es que no pasará a la historia del terror, ni siquiera del gore, por esa sensación de tomarse, aunque solo sea en parte, muy en serio.
Estreno: 4 de septiembre de 2026.