Hay películas que se disfrutan y películas que te recuerdan por qué nos gusta tanto ir al cine. Wildwood pertenece a ese segundo grupo. Y qué mejor manera de despedir mi Sitges 2026 que con una película de estas características, disfrutándola además en familia y en el Auditori. Una auténtica maravilla que ha conseguido poner el broche de oro a mi paso por el festival.
La nueva película de Laika, el estudio responsable de maravillas como Coraline y Kubo y las dos cuerdas mágicas, está dirigida por Travis Knight y nos transporta a un universo fantástico que parece salido de un cuento de esos que te gustaría descubrir cuando eras pequeño, pero que también puedes disfrutar perfectamente de adulto.

Y es que, si algo demuestra Wildwood, es que todavía hay espacio para la imaginación desbordante, las aventuras épicas y ese cine que consigue maravillarte sin necesidad de recurrir a fórmulas prefabricadas.
Narnia, El señor de los anillos y mucho más
Si tuviera que definir Wildwood con dos referencias cinematográficas, serían Las crónicas de Narnia y El señor de los anillos o incluso Dentro del Laberinto. Estamos ante una aventura fantástica de las que te sumergen en un mundo propio, repleto de criaturas extraordinarias, personajes peculiares y peligros que van mucho más allá de lo que imaginaban sus protagonistas.
La historia nos presenta a Prue, una chica que se adentra junto a su amigo Curtis en un bosque mágico para rescatar a su hermano pequeño, secuestrado por unos cuervos. Lo que comienza como una aventura desesperada acaba convirtiéndose en un viaje por un mundo fascinante, donde nunca sabes qué personaje o qué criatura te vas a encontrar a continuación.
Pero la película no se queda ahí. También encontramos numerosos homenajes y referencias a otras obras, desde Los pájaros, de Alfred Hitchcock, hasta Star Wars, pasando por muchas otras influencias que los amantes del cine disfrutarán descubriendo.

Lo interesante es que no se limita a copiar referentes, sino que los integra dentro de un universo con personalidad propia. Wildwood sabe de dónde viene, conoce la tradición del cine fantástico y juega con ella para construir una aventura que tiene suficiente identidad como para funcionar por sí misma.
Un desfile de personajes con carisma
Uno de los grandes aciertos de Wildwood es que prácticamente todos sus personajes tienen carisma. Desde los rebeldes hasta Curtis, pasando por la sorprendente Septima, una rata que consigue hacerse un hueco entre los personajes más memorables de la función.Todos ellos con voces de actores reconocidísimos como Mahershala Ali, Jacob Tremblay, Angela Bassett, Carey Mulligan o Akwafina.
La película tiene la virtud de conseguir que sus habitantes resulten interesantes, incluso cuando aparecen en pantalla durante poco tiempo. Hay personalidad, diseños imaginativos y una galería de personajes que contribuye a que este mundo fantástico parezca mucho más grande de lo que vemos.
Y eso es fundamental en una aventura de estas características. No basta con tener un universo visualmente atractivo: necesitas personajes que te importen y con los que te apetezca seguir viajando. Wildwood lo consigue, y esa es una de las razones por las que resulta tan fácil dejarse llevar por su historia.
La mejor película Stop-motion de la historia
Si hay algo que destacar es el trabajo visual. La animación stop-motion sigue siendo una auténtica maravilla, especialmente en una época en la que gran parte del cine de animación apuesta por imágenes generadas por ordenador.
Laika demuestra una vez más que el trabajo artesanal tiene una personalidad difícil de igualar. Los escenarios, las criaturas, las texturas y los pequeños detalles contribuyen a dar vida a un mundo que parece tener una existencia propia. No se trata solamente de que todo sea bonito o espectacular, sino de que cada rincón transmite una identidad visual muy particular.
Wildwood es una de esas películas que invitan a dejarse llevar por las imágenes y disfrutar del viaje. Un despliegue de imaginación que demuestra que todavía se pueden crear mundos fantásticos con personalidad propia.

Pero, por encima de todo, por encima de la historia, de los personajes, de las referencias cinematográficas y de su maravilloso universo, hay que destacar el trabajo de los animadores. Y aquí es donde Wildwood se convierte en algo todavía más especial.
Es sin duda (y lo hemos escuchado en Sitges varias veces) la mejor película de stop-motion de la historia.
¡Que le den por el culo a la IA!
Os recomiendo encarecidamente que os quedéis hasta el final de los créditos. No os vayáis cuando empiecen a desfilar los nombres. Hay unos segundos en los que se resume parte del trabajo que hay detrás de una película como esta y, sinceramente, me han emocionado tanto como la propia película.
Ver todo ese esfuerzo condensado en unos instantes te hace tomar conciencia de la auténtica barbaridad que supone levantar una producción de estas características.
Como dijo el animador que salió a presentar la película: «¡Que le den por el culo a la IA!». Y qué queréis que os diga, la frase me parece una declaración de intenciones estupenda en el contexto de una obra como esta.
Estamos hablando de entre cinco y seis años de trabajo, de una auténtica locura artesanal, de un esfuerzo colectivo que resulta difícil incluso de imaginar. Cada movimiento, cada gesto y cada pequeño detalle requieren una dedicación y una paciencia extraordinarias. Los animadores tienen que dar vida a sus personajes fotograma a fotograma, moviendo físicamente las figuras y construyendo una ilusión de movimiento que, cuando vemos la película terminada, parece surgir de manera natural.
En un momento en el que parece que todo tiene que hacerse más rápido, más barato y de forma automática, Wildwood es un monumento al trabajo humano. Un homenaje a los artistas que dedican años de su vida a dar movimiento y alma a unos muñecos, con una pasión que traspasa la pantalla.
Porque la tecnología puede abrir muchas puertas, pero hay algo profundamente emocionante en contemplar una obra creada con semejante dedicación, cariño y amor por el oficio. Y esos segundos finales son la mejor demostración de ello.

Quedaos hasta el final. De verdad. Es una de esas pequeñas experiencias que te reconcilian con el cine y te recuerdan que, detrás de las imágenes, hay personas que han dejado una parte de sí mismas para hacerlas posibles.
Una banda sonora de Oscar
Y si el apartado visual es una maravilla, la música no se queda atrás. Tanto la banda sonora como las canciones son increíbles y contribuyen enormemente a construir la magia de este mundo.
No son un simple acompañamiento de las imágenes, sino una parte fundamental de la experiencia. La música consigue elevar los momentos de aventura, reforzar la emoción y dar todavía más personalidad a una película que ya destaca en prácticamente todos sus apartados.
Y aquí voy a mojarme: Wildwood debe ganar —y ganará— el Oscar a mejor película de animación. Así de claro. Después de verla, me cuesta imaginar una candidata que pueda hacerle sombra. Es una película que combina imaginación, personalidad, un universo visual extraordinario y un trabajo artesanal descomunal que merece todo el reconocimiento posible.
Además, no descartaría que también pudiera llevarse alguna estatuilla por su apartado musical. Tanto la banda sonora como las canciones tienen calidad suficiente para entrar en esa conversación. Ojalá la Academia sepa reconocer todo lo que hay detrás de una producción así.
Porque Wildwood no es solamente una gran película de animación: es una reivindicación del talento, de la creatividad y del trabajo de cientos de personas que han dedicado años de su vida a hacerla realidad.
Una aventura para disfrutar en familia
Uno de los grandes placeres de esta sesión fue poder compartirla con la familia. Sitges es un festival que solemos vivir de una manera bastante particular, encadenando películas, horarios imposibles y sesiones que a veces nos dejan el cerebro del revés. Poder sentarnos todos juntos en el Auditori para disfrutar de una aventura como esta fue una manera estupenda de cerrar la edición.
Porque Wildwood tiene suficiente personalidad para atraer al público adulto y a los aficionados a la fantasía, pero también conserva ese espíritu de aventura que permite disfrutarla en familia. Es cine fantástico en el sentido más bonito de la expresión: una invitación a descubrir otros mundos y dejar volar la imaginación.

Y no deja de ser especial poder compartir con los niños una película que apuesta por la imaginación, el trabajo artesanal y la creación de un universo propio. Una experiencia que va más allá de sentarse a ver una pantalla.
Una despedida de lujo para Sitges 2026
Y así termina mi festival. Bueno, en realidad termina antes de lo previsto, porque he pillado el clásico catarro de Sitges y ya no estoy para demasiadas alegrías. El cuerpo ha dicho basta y toca volver a casa a recuperarse.
Pero, si tenía que despedirme, hacerlo con Wildwood ha sido una auténtica maravilla. Además, hemos podido visitar las paradetas de la playa y disfrutar de algunos de esos pequeños momentos familiares que también forman parte de la experiencia festivalera.
Laika vuelve a demostrar que sigue siendo uno de los estudios más especiales del panorama de la animación. Entre su universo fantástico, sus personajes carismáticos, sus múltiples referencias cinematográficas, su extraordinaria música y, sobre todo, el trabajo titánico de sus animadores, estamos ante una película que invita a disfrutar del cine sin complejos.
Me guardo Wildwood como una de las grandes alegrías de esta edición y como una despedida perfecta para un Sitges que, con sus más y sus menos, siempre consigue regalarnos alguna película que justifica el viaje.
Y si finalmente acaba llevándose el Oscar a mejor película de animación, que nadie diga que no lo avisamos desde Sitges.