Javier Ruiz Caldera dirige una de las grandes sorpresas de Sitges 2026 con una comedia de ciencia ficción escrita por Berto Romero, un concepto brillantemente explotado y un Javier Cámara absolutamente sembrado.
Hay películas que te gustan, películas que te sorprenden y películas que te hacen salir del cine con unas ganas irrefrenables de recomendárselas a todo el mundo. 5 minutos más pertenece, sin ninguna duda, a la tercera categoría. La nueva película de Javier Ruiz Caldera, escrita por Berto Romero y protagonizada por el propio humorista junto a Belén Cuesta y Javier Cámara, ha sido una de las grandes sorpresas de mi paso por Sitges 2026. Y eso que las expectativas estaban bastante altas.
Su premisa parte de un concepto que el cine ha explorado en numerosas ocasiones: un bucle temporal en el que los acontecimientos vuelven a repetirse una y otra vez. Sin embargo, basta con introducir una pequeña variación en las reglas para que la propuesta adquiera una personalidad propia. Y cuando detrás del guion está Berto Romero, un auténtico friki que conoce perfectamente los códigos de la ciencia ficción, uno ya puede imaginar que la cosa no se va a quedar en una simple repetición de situaciones cómicas.
Un bucle temporal con consecuencias
La película nos plantea un intervalo de cinco minutos que se repite constantemente. El mundo regresa al mismo punto temporal, pero hay una diferencia fundamental: todo lo que se rompe, se destruye o se gasta durante esos cinco minutos permanece así cuando el bucle vuelve a empezar.
Puede parecer un detalle menor, pero es precisamente esta regla la que marca la diferencia. En lugar de resetear absolutamente todo, la película introduce una acumulación de consecuencias que permite que cada repetición haga avanzar la historia. Los desperfectos se mantienen, las situaciones evolucionan y los personajes deben enfrentarse a un escenario que, aunque temporalmente vuelve al principio, ya no es exactamente el mismo.

Este planteamiento convierte lo que podría haber sido una sucesión de gags repetitivos en un mecanismo narrativo mucho más elaborado. Cada nuevo ciclo tiene sentido, aporta información y abre posibilidades que antes no existían. El espectador empieza a anticipar qué puede suceder, pero la película encuentra la manera de sorprendernos de nuevo.
Y ahí reside buena parte de su mérito: en comprender que una buena idea no basta por sí sola. Hay que saber establecer unas reglas, respetarlas y exprimirlas con inteligencia durante todo el metraje. 5 minutos más lo consigue con una naturalidad admirable.
Un ejercicio de estilo visual con mucho sentido
Otro de los aspectos más llamativos de la película es su apuesta formal. Las escenas están planteadas como planos secuencia, con sus particularidades, variaciones y pequeñas filigranas visuales. La repetición de un mismo intervalo temporal ofrece, además, una oportunidad estupenda para jugar con los movimientos de cámara, las posiciones de los personajes y las diferencias entre una vuelta y la siguiente.
La propuesta incluye también algunos recursos técnicos muy llamativos, con drones y soluciones visuales que enriquecen la puesta en escena. Hay momentos en los que resulta inevitable detenerse a pensar en la planificación que debe haber detrás de determinadas secuencias. No es únicamente una cuestión de exhibir músculo técnico: el dispositivo visual está al servicio de una historia que necesita mostrar cómo el mismo espacio y el mismo tiempo pueden transformarse de una repetición a otra.
Javier Ruiz Caldera demuestra una vez más su habilidad para moverse en terrenos donde el espectáculo, el ritmo y la comedia necesitan funcionar al unísono. La realización tiene personalidad, pero nunca pierde de vista lo verdaderamente importante: que el espectador disfrute de lo que está viendo y que cada decisión formal contribuya a la experiencia.
Ciencia ficción negra, sí; pero también una comedia desatada
El director comentaba que no entiende por qué la gente se ríe con la película, porque, al fin y al cabo, estamos ante ciencia ficción. Y, en cierto modo, tiene razón. Bajo las situaciones disparatadas hay una construcción fantástica que necesita coherencia interna. El guión no utiliza el bucle como una excusa para encadenar ocurrencias sin sentido, sino como el motor de una historia que se sostiene sobre sus propias reglas.
Pero sería absurdo ignorar el otro gran ingrediente de la fórmula: el humor.Humor negrisimo, además.
Berto Romero conoce perfectamente el potencial cómico de las situaciones imposibles y sabe cómo aprovechar las particularidades del género para llevarlas un paso más allá. La gracia no surge únicamente de ver a los personajes atrapados en una situación absurda, sino de observar cómo intentan gestionarla cuando las consecuencias empiezan a acumularse. Lo fantástico y lo cotidiano chocan constantemente, generando situaciones cada vez más delirantes.

Lo mejor es que la película no se agota. Cuando uno podría pensar que ya ha entendido el mecanismo y que las repeticiones van a empezar a resultar redundantes, aparece una nueva variación que refresca la propuesta. El ritmo funciona, la historia avanza y siempre queda alguna sorpresa por descubrir en el siguiente ciclo.
Y sí, uno se ríe muchísimo. De esas carcajadas que llegan cuando menos te lo esperas y que hacen que una secuencia ya de por sí ingeniosa termine convirtiéndose en uno de los grandes momentos de la película.
Un trío protagonista en estado de gracia
Si el concepto funciona y la puesta en escena acompaña, el reparto termina de redondear la jugada. Berto Romero, Belén Cuesta y Javier Cámara forman un trío que funciona a las mil maravillas, con una química que permite que las situaciones más absurdas resulten completamente naturales dentro de las reglas de la película.
Berto demuestra que su particular sentido del humor encaja perfectamente con la ciencia ficción. Su interpretación se integra en un universo que parece diseñado para alguien que disfruta tanto de las posibilidades narrativas del género como de sus convenciones más reconocibles.
Belén Cuesta completa el conjunto con una presencia que ayuda a mantener el equilibrio entre los personajes y las distintas situaciones que plantea el guion. Su participación resulta fundamental para que la película no dependa exclusivamente de un único registro cómico.
Pero quien está especialmente sembrado es Javier Cámara. El actor está divertidísimo, aprovechando cada situación y demostrando una vez más su enorme capacidad para la comedia. Tiene ese talento para encontrar el punto exacto de una escena, jugar con los tiempos y convertir una reacción o un gesto en algo memorable. Cada vez que la película le da espacio, consigue sacar petróleo.
Los tres están muy bien, pero Cámara merece una mención especial. Su trabajo es uno de esos elementos que elevan una comedia que ya funcionaría por su premisa y su guion.
Una de las grandes sorpresas de Sitges 2026
5 minutos más es una de esas películas que te reconcilian con la capacidad del cine para sorprenderte incluso cuando parte de una idea que creías conocer. No inventa necesariamente el concepto del bucle temporal, pero encuentra una variación lo suficientemente inteligente como para construir algo propio. A partir de ahí, desarrolla sus posibilidades con imaginación, precisión técnica y un sentido del ritmo envidiable.
Su mayor virtud es que todas las piezas encajan. La ciencia ficción tiene unas reglas reconocibles, el guion sabe cómo utilizarlas, la puesta en escena aporta personalidad y los actores consiguen que todo resulte todavía más divertido. No hay sensación de estar viendo un simple ejercicio de estilo ni una comedia que se limita a repetir el mismo chiste con distintas variaciones.
Al contrario: cada repetición aporta algo, cada decisión tiene consecuencias y la película consigue mantener el interés hasta el final. Es entretenida, ingeniosa y tremendamente divertida, pero también demuestra un cuidado por su planteamiento que merece ser destacado.
En un festival como Sitges, donde uno puede encontrarse propuestas de todo tipo y donde las expectativas a veces juegan malas pasadas, toparse con una película así es una auténtica alegría. Junto a HOPE, ha sido uno de los platos fuertes de la jornada y, seguramente, una de las mejores películas que he visto en lo que llevamos de festival.
Y lo mejor es que no me apetece quedármela para mí. Quiero que la vea todo el mundo: familiares, amigos, conocidos e incluso el señor que tienes delante en la cola para comprar un café. Porque pocas cosas hay más satisfactorias que salir del cine sabiendo que tienes una recomendación que probablemente va a funcionar.
5 minutos más es una comedia de ciencia ficción brillante, técnicamente juguetona y con un reparto en estado de gracia. Una de las grandes sorpresas de Sitges 2026 y una película que estoy deseando recomendar a todo el mundo.