Diario Festivalero de #Sitges2026. Día 5: 5 películas seguidas, 5 dosis de cafeína y un bucle temporal de 5 minutos

Hoy sí que sí. Hoy toca uno de esos días classic Sitges en los que llega un momento en el que ya no sabes ni qué hora es en el mundo real. Cinco películas seguidas en el Auditori, empezando por la esperadísima HOPE y terminando con 5 MINUTOS MÁS, de javier Ruiz Caldera y Berto Romero. Entre medias, una agrupación bastante random de películas con The Face of Horror, Sanguine y la catalana 11.

Cinco películas, apenas veinte minutos de descanso entre pase y pase, comida a salto de mata y cafeína suficiente como para mantener despierto a un muerto viviente. Un lunes festivo de esos que empiezan con mucha ilusión y terminan con uno preguntándose qué necesidad tenía de someterse a semejante paliza. Pero para eso hemos venido, ¿no?

HOPE

Adrenalínica película en la que un grupo de pueblerinos se las tiene que ver con monstruos venidos del espacio exterior. Y cuando digo que se las tienen que ver, me refiero a persecuciones masivas y extensísimas que, por momentos, resultan tan espectaculares como largas y repetitivas.

Empezando por la primera persecución por el pueblo, espectacular pese a que ni siquiera veamos a qué se están enfrentando, y terminando por las del bosque y la autopista, estamos ante una auténtica locura a nivel técnico. Un despliegue visual de esos que te dejan con la boca abierta, aunque también te hacen mirar el reloj de reojo cuando la enésima persecución parece no tener fin.

Porque sí, HOPE es una pasada técnica, pero también se hace redundante. Llega un punto en el que me interesa bastante más conocer el lore de todo este tinglado que seguir viendo cómo los personajes corren, huyen y se enfrentan a unas criaturas de las que queremos saber mucho más.

Y sin comentarios con el «final». De esos que te dejan con cara de no saber muy bien qué acaba de pasar.

Una locura de película que, pese a sus excesos y a esa tendencia a estirar las secuencias de acción hasta el infinito y más allá, ofrece un espectáculo audiovisual de primer nivel. Una de esas experiencias que se disfrutan especialmente en una pantalla como la del Auditori, aunque agradecerías que alguien hubiese cogido las tijeras de montar en algún momento.

3,5/5 ⭐️⭐️⭐️🌟

The Face of Horror

Yo entiendo que en Sitges tiene que haber cine de todo tipo. Faltaría más. Y también entiendo que hay películas que homenajean otras épocas, recuperan estilos olvidados y reivindican maneras de hacer cine que hoy parecen de otro planeta. The Face of Horror es un clarísimo homenaje a las películas clásicas de la Hammer, con muchísimo colorido, una puesta en escena muy teatralizada y unas interpretaciones grandilocuentes que parecen sacadas directamente de una función de teatro de aficionados.

Todo muy exagerado, muy artificial y muy de otra época. Y oye, perfecto si es lo que buscas.

Lo que no termino de entender es cómo esta película acaba programada en el Auditori en pleno prime time de un lunes festivo, a las once de la mañana. ¡Dos horas de esto! Que una cosa es reivindicar el cine clásico y otra muy distinta es poner a prueba la resistencia física y psicológica de una sala llena de festivaleros que probablemente ya llevan unas cuantas noches durmiendo poco.

No todas las películas tienen que ser para todo el mundo, pero hay programaciones que cuesta entender. Y esta ha sido una de ellas.

⭐️🌟

Sanguine

Pasamos del homenaje teatralizado al cine francés más sanguinolento. Y ya sabéis que yo con el cine francés tengo mis más y mis menos, pero hay una cosa que nuestros vecinos saben hacer especialmente bien: ponerse guarros. Y aquí no se han cortado ni un pelo.

Sanguine nos plantea una especie de experimento sobre cómo sería un virus si el estrés fuese una enfermedad contagiosa, qué fases tendría y cómo afectaría a las personas. Una premisa interesante que se traduce en una película bastante sangrienta, con abundantes laceraciones, mucha sangre y muertes violentas de las que quizás te hagan apartar la mirada durante un segundo antes de volver a mirar, porque para eso estamos en Sitges. Yo, la he visto comiendo fuet.

La película explora cómo esa especie de infección va transformando a la gente y cómo el estrés puede convertirse en algo mucho más peligroso que una simple mala semana en la oficina. Una idea que, viendo cómo está el mundo, tampoco parece tan descabellada.

La verdad es que estuvo bastante entretenida y tuvo una acogida muy buena en Sitges, con aplausos y una respuesta muy positiva por parte del público. Sin reinventar necesariamente la rueda, consigue mantener el interés y ofrecer ese festival ese poquito de hemoglobina que gusta.

Después del tostón anterior, al menos aquí había sangre suficiente para que nadie se durmiese.

⭐️⭐️⭐️🌟

11

Turno para la representación catalana del día con 11, una película sobre un grupo de boy scouts que se marcha al Pirineo andorrano. El plan es pasar la noche en una cabaña, pero la nieve empieza a caer y el grupo se queda aislado. Tenemos diez personas: dos adultos y ocho niños. Sin embargo, como ya anticipa el título, aparece una undécima persona y la cosa empieza a torcerse.

Lo que parecía una excursión de scouts se convierte en una especie de home invasion a la catalana, con el aislamiento, la nieve y la desconfianza haciendo su trabajo. Porque no hay nada como quedarse atrapado en una cabaña en mitad de la montaña para descubrir que quizá el problema no sea precisamente el temporal.

La película no está nada mal, especialmente teniendo en cuenta que estamos ante la primera película de sus directoras. Tiene algunos agujeros de guion, ciertas situaciones un poco forzadas y momentos en los que cuesta creerse lo que está pasando, pero consigue mantener el interés y se deja ver bastante bien.

¿Podría haber sido mejor? Sin duda. ¿Es una propuesta digna y entretenida? También.

⭐️⭐️🌟

5 MINUTOS MÁS

Y llegamos al plato fuerte de la jornada junto a HOPE. Tenía muchísimas ganas de ver 5 MINUTOS MÁS, dirigida por Javier Ruiz Caldera, escrita por Berto Romero y protagonizada por el propio Berto junto a Belén Cuesta y Javier Cámara.

La premisa parte de un bucle temporal de cinco minutos en el que el mundo entero se repite. Hasta aquí, podríamos pensar que estamos ante otra vuelta de tuerca a un concepto que el cine ya ha explorado unas cuantas veces. Pero claro, cuando detrás del guion está Berto Romero, que es un friki como el que más y se las sabe todas, la cosa adquiere una dimensión diferente.

La película introduce una variable que le da una personalidad propia al asunto: todo lo malo que sucede, todo lo que se destruye, se rompe o se gasta durante esos cinco minutos permanece así cuando el bucle vuelve a empezar. El mundo regresa al mismo punto temporal, pero los desperfectos siguen ahí. Y esa pequeña genialidad hace que cada repetición tenga consecuencias y que la historia avance de una manera mucho más interesante de lo que cabría esperar.

Además, cada escena está planteada como un plano secuencia, con sus particularidades, sus variaciones y sus pequeñas filigranas visuales. Hay incluso efectos con drones y algunas virguerías técnicas muy chulas que enriquecen la propuesta sin convertirse en un simple alarde de virtuosismo.

Lo mejor es que, pese a estar viendo una y otra vez el mismo intervalo temporal, la película no se hace pesada en absoluto. Al contrario: quieres descubrir qué va a cambiar en la siguiente repetición, qué consecuencias arrastran los personajes y cómo van a salir de semejante berenjenal.

Y luego están los actores. Los tres están increíbles, pero Javier Cámara está especialmente sembrado con un papel divertidísimo. Berto demuestra que su particular manera de entender el humor encaja perfectamente con la ciencia ficción, mientras que Belén Cuesta completa un reparto que funciona a las mil maravillas.

Javier Ruiz Caldera comentaba que no entiende por qué la gente se ríe, porque al fin y al cabo es ciencia ficción bastante macabra. Y tiene parte de razón: estamos ante una película de ciencia ficción muy bien construida, con unas reglas propias que se respetan y un mecanismo narrativo que funciona. Pero es que, además, el guión es brillante y te partes la caja.

Es una de esas películas que te hacen salir del cine con ganas de recomendarla a todo el mundo. A familiares, amigos, conocidos y al señor que tienes delante en la cola para comprar un café. Porque es muy divertida, tiene una idea central estupenda y sabe sacarle partido durante todo el metraje sin agotar la fórmula.

Seguramente, una de las mejores películas que he visto en lo que llevamos de festival, y una de las que más ganas tengo de que vea la gente de mi entorno. De esas recomendaciones que haces con la tranquilidad de saber que, si les gusta mínimamente el género y el humor, van a disfrutarla.

Una auténtica sorpresa y un cierre de jornada espectacular.

⭐️⭐️⭐️⭐️🌟

Y hasta aquí el día

Cinco películas seguidas. Cinco. Con veinte minutos de descanso entre cada una, apenas tiempo para comer y una dieta festivalera basada en ir picando cualquier cosa entre pase y pase. Nutricionalmente, un desastre. He bebido una cantidad considerable de cafeína para mantenerme despierto y, aunque he conseguido llegar al final de la maratón, ahora mismo estoy reventado y sudado como si hubiese participado en una prueba de resistencia.

Ha sido un día un poco caótico, de esos en los que pierdes por completo la noción del tiempo y ya no sabes si es por la mañana, por la tarde o si llevas tres días viviendo dentro del Auditori. Pero también de esos días que definen perfectamente lo que significa venir a Sitges: descubrir películas inesperadas, sufrir algún que otro tostón, disfrutar de propuestas que te vuelan la cabeza y acabar recomendando una película a todo el mundo antes incluso de haber salido del recinto.

Me voy a la ducha, que ya toca recuperar la dignidad humana.

Mañana más. Si el cuerpo aguanta.

Dí la tuya!

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