Sitges 2026

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Sanguine de Marion Le Corroller, Mejor Película de Sitges 2026

La 59ª edición del SITGES – Festival Internacional de Cinema Fantàstic de Catalunya anuncia su esperado palmarés. Sanguine, de Marion Le Corroller, gana el Prem...

Diario Festivalero de #Sitges2026. Día 9: El catarro pone punto y final

Y hasta aquí ha llegado mi aventura en Sitges este año. Mi último día en el festival, porque he pillado el clásico catarro sitgetano y el cuerpo ya no da para m...

Diario Festivalero de #Sitges2026. Día 8: Danny Devito y coletazos cinematográficos

Ayer me tomé el día libre, así que hoy tocaba volver a la carga. Y lo hemos hecho con una jornada de contrastes: una ración de acción con nazis y terminators, e...

Diario Festivalero de #Sitges2026. Día 6: cuatro películas y una buena ración de pesadillas

Hoy hemos empezado un poco más tarde de lo habitual, sobre las 12:30 del mediodía, y lo hemos hecho con un pequeño susto. La entrada para la primera película, B...

Diario Festivalero de #Sitges2026. Día 5: 5 películas seguidas, 5 dosis de cafeína y un bucle temporal de 5 minutos

Hoy sí que sí. Hoy toca uno de esos días classic Sitges en los que llega un momento en el que ya no sabes ni qué hora es en el mundo real. Cinco películas segui...

Diario Festivalero de #Sitges2026. Día 4: King Kong, Tesis y la caza de Peter Jackson

El día en que flipamos con el director de la trilogía que marcó el cine

Diario Festivalero de #Sitges2026. Día 3: resaca, estrellas esquivas y un sábado de Zombie Walk

La verdad es que hoy el día se ha complicado un poco. Ayer salí de cena y esta mañana el cuerpo ha decidido que necesitaba unas horas más de descanso. Resultado...

Diario Festivalero de #Sitges2026. Día 2: It Follows wannabe y una comedia entretenida

Segundo día de festival y toca ver Kill Me y Leviticus. Llego justísimo para la primera y me la juego dando una vuelta en coche por el Auditori a ver si suena l...

Diario Festivalero de #Sitges2026. Volvemos a Sitges

Día 1: Volvemos a Sitges Bienvenidos seáis todos, una vez más, a este Diario del Festivalero. Otro año más en Sitges, en ese festival de cine fantástico y de te...

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Trailers Sitges 2026

Reviews Sitges 2026

5 minutos más: un bucle temporal de carcajada en carcajada #Sitges2026

Javier Ruiz Caldera dirige una de las grandes sorpresas de Sitges 2026 con una comedia de ciencia ficción escrita por Berto Romero, un concepto brillantemente explotado y un Javier Cámara absolutamente sembrado. Hay películas que te gustan, películas que te sorprenden y películas que te hacen salir del cine con unas ganas irrefrenables de recomendárselas a todo el mundo. 5 minutos más pertenece, sin ninguna duda, a la tercera categoría. La nueva película de Javier Ruiz Caldera, escrita por Berto Romero y protagonizada por el propio humorista junto a Belén Cuesta y Javier Cámara, ha sido una de las grandes sorpresas de mi paso por Sitges 2026. Y eso que las expectativas estaban bastante altas. Su premisa parte de un concepto que el cine ha explorado en numerosas ocasiones: un bucle temporal en el que los acontecimientos vuelven a repetirse una y otra vez. Sin embargo, basta con introducir una pequeña variación en las reglas para que la propuesta adquiera una personalidad propia. Y cuando detrás del guion está Berto Romero, un auténtico friki que conoce perfectamente los códigos de la ciencia ficción, uno ya puede imaginar que la cosa no se va a quedar en una simple repetición de situaciones cómicas. Un bucle temporal con consecuencias La película nos plantea un intervalo de cinco minutos que se repite constantemente. El mundo regresa al mismo punto temporal, pero hay una diferencia fundamental: todo lo que se rompe, se destruye o se gasta durante esos cinco minutos permanece así cuando el bucle vuelve a empezar. Puede parecer un detalle menor, pero es precisamente esta regla la que marca la diferencia. En lugar de resetear absolutamente todo, la película introduce una acumulación de consecuencias que permite que cada repetición haga avanzar la historia. Los desperfectos se mantienen, las situaciones evolucionan y los personajes deben enfrentarse a un escenario que, aunque temporalmente vuelve al principio, ya no es exactamente el mismo. Este planteamiento convierte lo que podría haber sido una sucesión de gags repetitivos en un mecanismo narrativo mucho más elaborado. Cada nuevo ciclo tiene sentido, aporta información y abre posibilidades que antes no existían. El espectador empieza a anticipar qué puede suceder, pero la película encuentra la manera de sorprendernos de nuevo. Y ahí reside buena parte de su mérito: en comprender que una buena idea no basta por sí sola. Hay que saber establecer unas reglas, respetarlas y exprimirlas con inteligencia durante todo el metraje. 5 minutos más lo consigue con una naturalidad admirable. Un ejercicio de estilo visual con mucho sentido Otro de los aspectos más llamativos de la película es su apuesta formal. Las escenas están planteadas como planos secuencia, con sus particularidades, variaciones y pequeñas filigranas visuales. La repetición de un mismo intervalo temporal ofrece, además, una oportunidad estupenda para jugar con los movimientos de cámara, las posiciones de los personajes y las diferencias entre una vuelta y la siguiente. La propuesta incluye también algunos recursos técnicos muy llamativos, con drones y soluciones visuales que enriquecen la puesta en escena. Hay momentos en los que resulta inevitable detenerse a pensar en la planificación que debe haber detrás de determinadas secuencias. No es únicamente una cuestión de exhibir músculo técnico: el dispositivo visual está al servicio de una historia que necesita mostrar cómo el mismo espacio y el mismo tiempo pueden transformarse de una repetición a otra. Javier Ruiz Caldera demuestra una vez más su habilidad para moverse en terrenos donde el espectáculo, el ritmo y la comedia necesitan funcionar al unísono. La realización tiene personalidad, pero nunca pierde de vista lo verdaderamente importante: que el espectador disfrute de lo que está viendo y que cada decisión formal contribuya a la experiencia. Ciencia ficción negra, sí; pero también una comedia desatada El director comentaba que no entiende por qué la gente se ríe con la película, porque, al fin y al cabo, estamos ante ciencia ficción. Y, en cierto modo, tiene razón. Bajo las situaciones disparatadas hay una construcción fantástica que necesita coherencia interna. El guión no utiliza el bucle como una excusa para encadenar ocurrencias sin sentido, sino como el motor de una historia que se sostiene sobre sus propias reglas. Pero sería absurdo ignorar el otro gran ingrediente de la fórmula: el humor.Humor negrisimo, además. Berto Romero conoce perfectamente el potencial cómico de las situaciones imposibles y sabe cómo aprovechar las particularidades del género para llevarlas un paso más allá. La gracia no surge únicamente de ver a los personajes atrapados en una situación absurda, sino de observar cómo intentan gestionarla cuando las consecuencias empiezan a acumularse. Lo fantástico y lo cotidiano chocan constantemente, generando situaciones cada vez más delirantes. Lo mejor es que la película no se agota. Cuando uno podría pensar que ya ha entendido el mecanismo y que las repeticiones van a empezar a resultar redundantes, aparece una nueva variación que refresca la propuesta. El ritmo funciona, la historia avanza y siempre queda alguna sorpresa por descubrir en el siguiente ciclo. Y sí, uno se ríe muchísimo. De esas carcajadas que llegan cuando menos te lo esperas y que hacen que una secuencia ya de por sí ingeniosa termine convirtiéndose en uno de los grandes momentos de la película. Un trío protagonista en estado de gracia Si el concepto funciona y la puesta en escena acompaña, el reparto termina de redondear la jugada. Berto Romero, Belén Cuesta y Javier Cámara forman un trío que funciona a las mil maravillas, con una química que permite que las situaciones más absurdas resulten completamente naturales dentro de las reglas de la película. Berto demuestra que su particular sentido del humor encaja perfectamente con la ciencia ficción. Su interpretación se integra en un universo que parece diseñado para alguien que disfruta tanto de las posibilidades narrativas del género como de sus convenciones más reconocibles. Belén Cuesta completa el conjunto con una presencia que ayuda a mantener el equilibrio entre los personajes y las distintas situaciones que plantea el guion. Su participación resulta fundamental para que la película no dependa exclusivamente de un único registro cómico. Pero quien está especialmente sembrado es Javier Cámara. El actor está divertidísimo, aprovechando cada situación y demostrando una vez más su enorme capacidad para la comedia. Tiene ese talento para encontrar el punto exacto de una escena, jugar con los tiempos y convertir una reacción o un gesto en algo memorable. Cada vez que la película le da espacio, consigue sacar petróleo. Los tres están muy bien, pero Cámara merece una mención especial. Su trabajo es uno de esos elementos que elevan una comedia que ya funcionaría por su premisa y su guion. Una de las grandes sorpresas de Sitges 2026 5 minutos más es una de esas películas que te reconcilian con la capacidad del cine para sorprenderte incluso cuando parte de una idea que creías conocer. No inventa necesariamente el concepto del bucle temporal, pero encuentra una variación lo suficientemente inteligente como para construir algo propio. A partir de ahí, desarrolla sus posibilidades con imaginación, precisión técnica y un sentido del ritmo envidiable. Su mayor virtud es que todas las piezas encajan. La ciencia ficción tiene unas reglas reconocibles, el guion sabe cómo utilizarlas, la puesta en escena aporta personalidad y los actores consiguen que todo resulte todavía más divertido. No hay sensación de estar viendo un simple ejercicio de estilo ni una comedia que se limita a repetir el mismo chiste con distintas variaciones. Al contrario: cada repetición aporta algo, cada decisión tiene consecuencias y la película consigue mantener el interés hasta el final. Es entretenida, ingeniosa y tremendamente divertida, pero también demuestra un cuidado por su planteamiento que merece ser destacado. En un festival como Sitges, donde uno puede encontrarse propuestas de todo tipo y donde las expectativas a veces juegan malas pasadas, toparse con una película así es una auténtica alegría. Junto a HOPE, ha sido uno de los platos fuertes de la jornada y, seguramente, una de las mejores películas que he visto en lo que llevamos de festival. Y lo mejor es que no me apetece quedármela para mí. Quiero que la vea todo el mundo: familiares, amigos, conocidos e incluso el señor que tienes delante en la cola para comprar un café. Porque pocas cosas hay más satisfactorias que salir del cine sabiendo que tienes una recomendación que probablemente va a funcionar. 5 minutos más es una comedia de ciencia ficción brillante, técnicamente juguetona y con un reparto en estado de gracia. Una de las grandes sorpresas de Sitges 2026 y una película que estoy deseando recomendar a todo el mundo.

#FlashReview. Hope: La adrenalínica invasión alienígena coreana azota #Sitges2026

Una marcianada surcoreana a lo grande HOPE es una auténtica locura surcoreana que empieza como una película de monstruos y termina convirtiéndose en un festival de destrucción, persecuciones imposibles y situaciones tan absurdas que uno no sabe si está viendo una película de ciencia ficción o si alguien ha decidido llevar al cine la partida más delirante de su vida. De hecho, especialmente durante el primer tercio, la película podría pasar perfectamente por un videojuego. La presentación de los personajes, la investigación de la amenaza y la manera en que se van sucediendo los acontecimientos recuerdan a una aventura de acción en la que empiezas explorando un pequeño pueblo y acabas desbloqueando enemigos cada vez más peligrosos. Solo falta que aparezca en pantalla el típico mensaje de «Nueva misión desbloqueada». Una sensación que se refuerza con el diseño de las criaturas y la progresiva escalada de los acontecimientos. Humor absurdo y espectáculo sin límites Porque si algo tiene HOPE es una capacidad descomunal para llevarlo todo al extremo. Las escenas de acción son grandilocuentes, gigantescas y técnicamente apabullantes, con ese humor absurdo tan propio del cine surcoreano que consigue que, entre el caos y la tensión, te preguntes qué demonios estás viendo. Los personajes reaccionan ante situaciones demenciales con una mezcla de dramatismo, violencia y decisiones cuestionables que forman parte del peculiar encanto de la propuesta. El despliegue técnico es una auténtica barbaridad. La película consigue crear un universo cada vez más desquiciado y llevar sus enfrentamientos a una escala monumental. Entre las criaturas, los escenarios y las secuencias de acción, hay momentos en los que parece que Na Hong-jin haya recibido un presupuesto ilimitado y la orden expresa de gastárselo absolutamente todo. Fassbender y Vikander, en versión digital También resulta curiosa la presencia de Michael Fassbender y Alicia Vikander, que aparecen transformados digitalmente para interpretar a sus personajes alienígenas. Una apuesta que encaja con el tono de la película, aunque el CGI canta bastante en algunos momentos y provoca que sus apariciones tengan cierto aspecto de cinemática de videojuego. No es algo que arruine la experiencia, pero sí que llama la atención en una producción que apuesta tan fuerte por el espectáculo visual. Cuando la partida se hace demasiado larga El problema es que tanta espectacularidad termina jugando en su contra. La primera persecución por el pueblo es impresionante, pero después llegan el bosque y la autopista, y la película insiste tanto en estirar sus secuencias de acción que lo que inicialmente te deja con la boca abierta termina haciéndose largo y algo repetitivo. Hay momentos en los que parece que llevas media hora intentando superar la misma fase, con enemigos cada vez más grandes y explosiones cada vez más aparatosas. Y es una pena, porque detrás de semejante despliegue hay un universo que despierta bastante curiosidad. Entre tanto monstruo, carrera y destrozo, uno acaba teniendo más ganas de conocer el lore de estas criaturas y descubrir qué está pasando realmente que de contemplar otra persecución kilométrica. ¡Queremos información, queremos contexto y queremos saber qué demonios está pasando! Aunque, visto lo visto, seguramente nos lo explicarían durante una pelea de cuarenta minutos contra un bicho del tamaño de un edificio. Un espectáculo al que le sobran unos cuantos minutos En definitiva, HOPE es una pasada técnica, una marcianada monumental y una experiencia de esas que solo el cine surcoreano parece capaz de servir con semejante desvergüenza. Una locura visual que mezcla ciencia ficción, humor absurdo y acción desatada, con una primera parte que parece sacada directamente de un videojuego y un espectáculo que, pese a sus excesos, resulta difícil de ignorar. Eso sí, le habría venido bien recortar algunas secuencias para evitar que tanta espectacularidad terminase jugando en su contra. Porque sí, queremos monstruos gigantes, alienígenas digitales y situaciones absurdas a niveles estratosféricos, pero tampoco hace falta que cada persecución sea el jefe final de nuestra paciencia.

WILDWOOD – La magia de Laika conquista #Sitges2026

Hay películas que se disfrutan y películas que te recuerdan por qué nos gusta tanto ir al cine. Wildwood pertenece a ese segundo grupo. Y qué mejor manera de despedir mi Sitges 2026 que con una película de estas características, disfrutándola además en familia y en el Auditori. Una auténtica maravilla que ha conseguido poner el broche de oro a mi paso por el festival. La nueva película de Laika, el estudio responsable de maravillas como Coraline y Kubo y las dos cuerdas mágicas, está dirigida por Travis Knight y nos transporta a un universo fantástico que parece salido de un cuento de esos que te gustaría descubrir cuando eras pequeño, pero que también puedes disfrutar perfectamente de adulto. Y es que, si algo demuestra Wildwood, es que todavía hay espacio para la imaginación desbordante, las aventuras épicas y ese cine que consigue maravillarte sin necesidad de recurrir a fórmulas prefabricadas. Narnia, El señor de los anillos y mucho más Si tuviera que definir Wildwood con dos referencias cinematográficas, serían Las crónicas de Narnia y El señor de los anillos o incluso Dentro del Laberinto. Estamos ante una aventura fantástica de las que te sumergen en un mundo propio, repleto de criaturas extraordinarias, personajes peculiares y peligros que van mucho más allá de lo que imaginaban sus protagonistas. La historia nos presenta a Prue, una chica que se adentra junto a su amigo Curtis en un bosque mágico para rescatar a su hermano pequeño, secuestrado por unos cuervos. Lo que comienza como una aventura desesperada acaba convirtiéndose en un viaje por un mundo fascinante, donde nunca sabes qué personaje o qué criatura te vas a encontrar a continuación. Pero la película no se queda ahí. También encontramos numerosos homenajes y referencias a otras obras, desde Los pájaros, de Alfred Hitchcock, hasta Star Wars, pasando por muchas otras influencias que los amantes del cine disfrutarán descubriendo. Lo interesante es que no se limita a copiar referentes, sino que los integra dentro de un universo con personalidad propia. Wildwood sabe de dónde viene, conoce la tradición del cine fantástico y juega con ella para construir una aventura que tiene suficiente identidad como para funcionar por sí misma. Un desfile de personajes con carisma Uno de los grandes aciertos de Wildwood es que prácticamente todos sus personajes tienen carisma. Desde los rebeldes hasta Curtis, pasando por la sorprendente Septima, una rata que consigue hacerse un hueco entre los personajes más memorables de la función.Todos ellos con voces de actores reconocidísimos como Mahershala Ali, Jacob Tremblay, Angela Bassett, Carey Mulligan o Akwafina. La película tiene la virtud de conseguir que sus habitantes resulten interesantes, incluso cuando aparecen en pantalla durante poco tiempo. Hay personalidad, diseños imaginativos y una galería de personajes que contribuye a que este mundo fantástico parezca mucho más grande de lo que vemos. Y eso es fundamental en una aventura de estas características. No basta con tener un universo visualmente atractivo: necesitas personajes que te importen y con los que te apetezca seguir viajando. Wildwood lo consigue, y esa es una de las razones por las que resulta tan fácil dejarse llevar por su historia. La mejor película Stop-motion de la historia Si hay algo que destacar es el trabajo visual. La animación stop-motion sigue siendo una auténtica maravilla, especialmente en una época en la que gran parte del cine de animación apuesta por imágenes generadas por ordenador. Laika demuestra una vez más que el trabajo artesanal tiene una personalidad difícil de igualar. Los escenarios, las criaturas, las texturas y los pequeños detalles contribuyen a dar vida a un mundo que parece tener una existencia propia. No se trata solamente de que todo sea bonito o espectacular, sino de que cada rincón transmite una identidad visual muy particular. Wildwood es una de esas películas que invitan a dejarse llevar por las imágenes y disfrutar del viaje. Un despliegue de imaginación que demuestra que todavía se pueden crear mundos fantásticos con personalidad propia. Pero, por encima de todo, por encima de la historia, de los personajes, de las referencias cinematográficas y de su maravilloso universo, hay que destacar el trabajo de los animadores. Y aquí es donde Wildwood se convierte en algo todavía más especial. Es sin duda (y lo hemos escuchado en Sitges varias veces) la mejor película de stop-motion de la historia. ¡Que le den por el culo a la IA! Os recomiendo encarecidamente que os quedéis hasta el final de los créditos. No os vayáis cuando empiecen a desfilar los nombres. Hay unos segundos en los que se resume parte del trabajo que hay detrás de una película como esta y, sinceramente, me han emocionado tanto como la propia película. Ver todo ese esfuerzo condensado en unos instantes te hace tomar conciencia de la auténtica barbaridad que supone levantar una producción de estas características. Como dijo el animador que salió a presentar la película: «¡Que le den por el culo a la IA!». Y qué queréis que os diga, la frase me parece una declaración de intenciones estupenda en el contexto de una obra como esta. Estamos hablando de entre cinco y seis años de trabajo, de una auténtica locura artesanal, de un esfuerzo colectivo que resulta difícil incluso de imaginar. Cada movimiento, cada gesto y cada pequeño detalle requieren una dedicación y una paciencia extraordinarias. Los animadores tienen que dar vida a sus personajes fotograma a fotograma, moviendo físicamente las figuras y construyendo una ilusión de movimiento que, cuando vemos la película terminada, parece surgir de manera natural. En un momento en el que parece que todo tiene que hacerse más rápido, más barato y de forma automática, Wildwood es un monumento al trabajo humano. Un homenaje a los artistas que dedican años de su vida a dar movimiento y alma a unos muñecos, con una pasión que traspasa la pantalla. Porque la tecnología puede abrir muchas puertas, pero hay algo profundamente emocionante en contemplar una obra creada con semejante dedicación, cariño y amor por el oficio. Y esos segundos finales son la mejor demostración de ello. Quedaos hasta el final. De verdad. Es una de esas pequeñas experiencias que te reconcilian con el cine y te recuerdan que, detrás de las imágenes, hay personas que han dejado una parte de sí mismas para hacerlas posibles. Una banda sonora de Oscar Y si el apartado visual es una maravilla, la música no se queda atrás. Tanto la banda sonora como las canciones son increíbles y contribuyen enormemente a construir la magia de este mundo. No son un simple acompañamiento de las imágenes, sino una parte fundamental de la experiencia. La música consigue elevar los momentos de aventura, reforzar la emoción y dar todavía más personalidad a una película que ya destaca en prácticamente todos sus apartados. Y aquí voy a mojarme: Wildwood debe ganar —y ganará— el Oscar a mejor película de animación. Así de claro. Después de verla, me cuesta imaginar una candidata que pueda hacerle sombra. Es una película que combina imaginación, personalidad, un universo visual extraordinario y un trabajo artesanal descomunal que merece todo el reconocimiento posible. Además, no descartaría que también pudiera llevarse alguna estatuilla por su apartado musical. Tanto la banda sonora como las canciones tienen calidad suficiente para entrar en esa conversación. Ojalá la Academia sepa reconocer todo lo que hay detrás de una producción así. Porque Wildwood no es solamente una gran película de animación: es una reivindicación del talento, de la creatividad y del trabajo de cientos de personas que han dedicado años de su vida a hacerla realidad. Una aventura para disfrutar en familia Uno de los grandes placeres de esta sesión fue poder compartirla con la familia. Sitges es un festival que solemos vivir de una manera bastante particular, encadenando películas, horarios imposibles y sesiones que a veces nos dejan el cerebro del revés. Poder sentarnos todos juntos en el Auditori para disfrutar de una aventura como esta fue una manera estupenda de cerrar la edición. Porque Wildwood tiene suficiente personalidad para atraer al público adulto y a los aficionados a la fantasía, pero también conserva ese espíritu de aventura que permite disfrutarla en familia. Es cine fantástico en el sentido más bonito de la expresión: una invitación a descubrir otros mundos y dejar volar la imaginación. Y no deja de ser especial poder compartir con los niños una película que apuesta por la imaginación, el trabajo artesanal y la creación de un universo propio. Una experiencia que va más allá de sentarse a ver una pantalla. Una despedida de lujo para Sitges 2026 Y así termina mi festival. Bueno, en realidad termina antes de lo previsto, porque he pillado el clásico catarro de Sitges y ya no estoy para demasiadas alegrías. El cuerpo ha dicho basta y toca volver a casa a recuperarse. Pero, si tenía que despedirme, hacerlo con Wildwood ha sido una auténtica maravilla. Además, hemos podido visitar las paradetas de la playa y disfrutar de algunos de esos pequeños momentos familiares que también forman parte de la experiencia festivalera. Laika vuelve a demostrar que sigue siendo uno de los estudios más especiales del panorama de la animación. Entre su universo fantástico, sus personajes carismáticos, sus múltiples referencias cinematográficas, su extraordinaria música y, sobre todo, el trabajo titánico de sus animadores, estamos ante una película que invita a disfrutar del cine sin complejos. Me guardo Wildwood como una de las grandes alegrías de esta edición y como una despedida perfecta para un Sitges que, con sus más y sus menos, siempre consigue regalarnos alguna película que justifica el viaje. Y si finalmente acaba llevándose el Oscar a mejor película de animación, que nadie diga que no lo avisamos desde Sitges.

HUNGRY #flashreview #Sitges2026

Hay algo tremendamente atractivo en una película que parte de una premisa tan sencilla como esta: un grupo de personas acaba perdido en un pantano y descubre que tiene un pequeño problema… un hipopótamo asesino anda suelto. Y tiene hambre. Mucha hambre. Hungry no pretende reinventar el cine de monstruos ni falta que le hace. Estamos ante uno de esos monster movies de manual, de los que uno pone una tarde cualquiera esperando ver a un bicho grande persiguiendo, aplastando y devorando humanos. Y, en ese sentido, cumple bastante bien. UN HIPOPÓTAMO MUY CABREADO El principal responsable de que la cosa funcione es, evidentemente, el hipopótamo. Aunque buena parte de la película transcurre en una oscuridad que parece diseñada específicamente para que no veamos demasiado, cuando el animal aparece resulta bastante convincente. El CGI no canta especialmente y el hipopótamo tiene el peso y la presencia necesarios para resultar una amenaza creíble. Y no era sencillo. Estamos acostumbrados a que los monstruos cinematográficos tengan colmillos, garras, tentáculos o cualquier otra característica que grite «SOY UN MONSTRUO». Aquí tenemos, básicamente, a un hipopótamo cabreado, que en realidad ya es bastante terrorífico sin necesidad de mutaciones. El problema es que Hungry tampoco tiene demasiadas ideas más allá de soltar al hipopótamo y poner personajes delante. La historia nos resulta familiar desde el primer minuto. Grupo de personas se mete donde no debe, vuelcan la barca, quedan atrapado en un lugar del que no puede salir, criatura que aparece cuando menos conviene, personajes que se separan cuando deberían permanecer juntos y decisiones que desafían cualquier concepto conocido de instinto de supervivencia. Todo ello acompañado de esa inevitable sensación de «¿pero por qué coño haces eso?» que tanto hemos disfrutado en este tipo de películas. MUCHO PANTANO Y POCA SORPRESA El escenario, además, condiciona bastante la película. Aquí no hay carreras desesperadas por pasillos ni gente huyendo a toda velocidad: estamos en un pantano, así que toca nadar, chapotear y tratar de mantenerse a flote mientras sabes que debajo del agua puede aparecer una bestia de varias toneladas. Una situación que, sobre el papel, debería dar muchísimo más juego del que finalmente consigue sacarle la película. Porque Hungry acaba resultando algo insulsa y repetitiva. Hay situaciones que se alargan más de la cuenta y una estructura bastante previsible, mientras que algunas decisiones de los personajes parecen estar diseñadas exclusivamente para conseguir que el hipopótamo tenga otra oportunidad de atacar. Pero tampoco sería justo pedirle a Hungry lo que nunca ha prometido. Esto es cine de monstruos de usar y tirar, una de esas películas que probablemente no recordarás dentro de unos meses pero que, mientras la estás viendo, consigue darte exactamente lo que has venido a buscar. Un hipopótamo cabreado. Gente intentando sobrevivir en un pantano. Agua por todas partes. Algún que otro mordisco. Decisiones absurdas y un bicho bastante bien conseguido haciendo lo que se espera de él. No descubre absolutamente nada, pero tampoco pretende hacerlo. Tres estrellas sobre cinco para un monster movie que cumple, entretiene y te arregla una tarde, aunque probablemente al día siguiente ya estés pensando en otra cosa.

Teenage Sex and Death at Camp Miasma #FlashReview #Sitges2026

Hay películas que cogen un género, lo desmontan, juegan con sus reglas y consiguen ofrecer algo nuevo. Y luego está Teenage Sex and Death at Camp Miasma, que parece empeñada en demostrar que también se puede desmontar un slasher hasta que ya no sabes muy bien qué demonios estás viendo. Jane Schoenbrun propone un ejercicio de metacine claramente enamorado del terror ochentero, especialmente de Viernes 13, pero el problema es que entre tanto homenaje, tanta capa y tanto giro surrealista se olvida de algo bastante importante: hacer que la película resulte entretenida. Antes de entrar en detalle, notad que no tiene mala nota pese a lo que voy a comentar. Y eso es porque en EspecialistaMike hacemos media de “nuestra nota”, la de Rotten Tomatoes y la de Meyacritic. Y ojo, que parece que ha gustado bastante. Cierro el inciso. Cuando esperabas The Final Girls El planteamiento inicial tiene muchísimo potencial. Una película que recupera una franquicia ficticia de los ochenta, construida a imagen y semejanza de los slashers de campamento, con un asesino enmascarado y toda la parafernalia del género. Solo con eso uno empieza a pensar inevitablemente en The Final Girls: una vuelta de tuerca divertida y autoconsciente a los códigos del slasher clásico. Pero no. Y ese ha sido mi mayor problema, dado que seguramente me esperaba algo que no tocaba. Aquí no vamos a tener una simpática aventura jugando con los tópicos del género, sino una sucesión de situaciones cada vez más extrañas que parecen competir entre ellas para ver cuál resulta más WTF. Y cuando finalmente parece que la película va a entregarte aquello que esperabas desde el principio, ya estás demasiado fuera como para volver a entrar. Demasiado meta para tan poco slasher Que una película quiera hablar del género, de sus clichés, de la sexualidad, de la identidad o de la relación entre el espectador y las películas que le marcaron no es ningún problema. De hecho, Camp Miasma tiene ideas interesantes y una evidente pasión por el cine de terror. Su recreación de esa franquicia ficticia bebe descaradamente de Viernes 13 y otros slashers clásicos, hasta el punto de construir todo un universo alrededor de ellos. El problema es que la película parece estar mucho más interesada en explicar todo lo que quiere decir que en conseguir que nos importe lo que está sucediendo. Y así, lo que podría haber sido una divertida deconstrucción del slasher acaba convirtiéndose en una especie de viaje lisérgico en el que las piezas se van acumulando sin que terminen de formar un conjunto especialmente satisfactorio. La sensación es la de estar esperando constantemente que llegue la película que te han prometido. Esa película que parece que va a abrazar el slasher, jugar con él y darle la vuelta. Pero cuanto más avanza, más se aleja de ella. Y no solo eso, sino que piensas que será una buena comedia, pero quizás me ha pillado en mal momento, pero me he reido más bien poco. Un homenaje que acaba siendo bastante aburrido Hay que reconocer que Schoenbrun tiene una personalidad visual muy marcada y que la película sabe perfectamente qué referentes está manejando. El problema es que reconocer las referencias no significa necesariamente disfrutar de ellas. Teenage Sex and Death at Camp Miasma quiere ser homenaje, sátira, reflexión sobre la sexualidad, estudio de personajes, ejercicio de metacine y experiencia surrealista al mismo tiempo. Y puede que para muchos espectadores esa mezcla sea precisamente lo que hace especial a la película. Para mí, sin embargo, termina siendo demasiado esfuerzo para una recompensa demasiado pequeña. Porque cuando llevas buena parte del metraje esperando que toda esa acumulación de rarezas desemboque en algo, el cansancio empieza a ganar al interés. Y cuando por fin llega el momento de sacar las cartas del slasher que llevabas esperando, la partida ya está prácticamente perdida. Teenage Sex and Death at Camp Miasma tiene personalidad, referencias para aburrir y una voluntad evidente de hacer algo diferente. Pero diferente no siempre significa divertido, y en este caso la película termina siendo mucho más interesante de analizar que de disfrutar.

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