Hoy hemos empezado un poco más tarde de lo habitual, sobre las 12:30 del mediodía, y lo hemos hecho con un pequeño susto. La entrada para la primera película, Buddy, había desaparecido de la zona de prensa del festival. Y es que este año están pasando cosas bastante raras en Sitges, y esta es una más para añadir a la lista. Dábamos por hecho que teníamos la entrada, pero había desaparecido de la web y nadie tenía la certeza absoluta de qué estaba pasando. ¡Empezamos bien!
Al final, hemos conseguido arrancar la jornada y nos hemos metido entre pecho y espalda cuatro películas seguidas, todas de un nivel bastante aceptable. Vamos a repasarlas una a una, que hay cositas interesantes.
BUDDY
Imaginaos uno de esos programas infantiles de los años 90, en plan Teletubbies o Barrio Sésamo. Todo es colorido, los personajes tienen caras por todas partes, hasta la mochila tiene una, y el protagonista es un enorme peluche con forma de unicornio. Los niños juegan, cantan canciones y resuelven los problemas de la manera más inocente y buenrollista posible.

Hasta aquí, todo parece bastante normal. El problema es que alrededor de Buddy, el peluche protagonista, empiezan a ocurrir ciertas cosas bastante extrañas. Poco a poco, vas descubriendo que ese programa infantil es en realidad una especie de dimensión alternativa en la que los niños son absorbidos y los días van pasando de la manera más pesadillesca posible.
La idea es tan bizarra como extraña, pero también tremendamente original. Juega con ese contraste entre la inocencia de los programas infantiles y algo mucho más perturbador, consiguiendo que una premisa aparentemente absurda termine siendo una experiencia de lo más curiosa.
Nos lo hemos pasado muy bien con Buddy. De esas películas que te hacen pensar que alguien ha tenido una idea muy loca y ha decidido llevarla hasta sus últimas consecuencias. Y oye, ¡bien por ello!
Nota: 3/5
NO REST FOR THE WICKED
Seguimos con No Rest for the Wicked, una película ambientada en las islas Feroe y basada en una novela que aborda sin tapujos una primera relación homosexual.
La película trata el tema de manera abierta, natural y sin menospreciar en ningún momento a sus personajes. Es una propuesta pausada, preciosista y muy bien rodada, que apuesta por la sensibilidad y por dejar que las situaciones respiren. Visualmente tiene mucho encanto y se nota el cuidado puesto en la puesta en escena.
Ahora bien, hay que tener en cuenta un pequeño detalle: poner una película de estas características justo después de comer, a la hora de la siesta, quizá no sea la mejor decisión si tienes que mantenerte despierto después de llevar ya unas cuantas sesiones a tus espaldas.

Y eso es exactamente lo que me ha pasado. La película se me ha hecho muy, muy, muy pesada y, sinceramente, me he desmayado durante buena parte del metraje. Así que poco puedo decir sobre su desarrollo o su desenlace. No sería justo valorarla en profundidad cuando me he perdido buena parte de lo que contaba.
Me quedo con que es una propuesta interesante por su temática y su sensibilidad, pero hoy no era el día ni el momento para mí.
Sin nota: la siesta ha ganado por goleada.
NEVER AFTER DARK
La tercera película de la jornada ha sido Never After Dark, una historia de médiums y fantasmas que nos deja algún que otro sustito bastante resultón.
Estamos ante una propuesta que cumple razonablemente bien con su cometido. Tiene momentos interesantes, algún sobresalto bien colocado y suficientes elementos sobrenaturales para mantener la atención. El problema es que tampoco inventa absolutamente nada. Es una de esas películas que hemos visto ya unas cuantas veces, con mecanismos que nos resultan demasiado familiares.

Y, sobre todo, tiene un problema importante de construcción del misterio: cuando descubres el pastel, aproximadamente media hora antes del final, la película pierde buena parte de su interés. A partir de ese momento, ya sabes por dónde van a ir los tiros y lo único que te queda es esperar a que todo termine tal y como te imaginas.
No es que sea un desastre, ni mucho menos. Cumple, tiene algún susto guapo y puede entretener a quienes disfruten de las historias de fantasmas. Pero le falta ese elemento sorpresa que consiga diferenciarla de tantas otras películas del género.
De esas que ves, disfrutas moderadamente y probablemente olvidas al cabo de unos días.
Nota: 3/5
DREAMQUIL
Y cerramos la jornada con Dreamquil, protagonizada por Elizabeth Banks y John C. Reilly. Una película que parte de una premisa que podría haber dado bastante juego, con un futuro distópico que combina elementos de aspecto clásico con otros más futuristas.
Sobre el papel, la propuesta tiene posibilidades. El universo que plantea resulta interesante y hay ideas que podrían haber dado lugar a una historia original y con personalidad propia. El problema es que, mientras la estás viendo, resulta prácticamente imposible no pensar en Black Mirror.

Y no hablamos de un simple parecido puntual. Es que la película recuerda muchísimo a uno de esos capítulos de la serie, o incluso a varios de ellos mezclados y agitados en una coctelera. Esa sensación de estar viendo algo que ya conocemos termina pesando demasiado, especialmente cuando la historia parece recorrer caminos que la ficción televisiva ya ha explorado con bastante más mala leche.
Aun así, Dreamquill está bien. Es entretenida, tiene una premisa interesante y se deja ver sin problemas. No estamos ante una película fallida, pero tampoco ante una de esas propuestas que te hacen salir de la sala dándole vueltas a lo que acabas de ver.
En definitiva, una distopía entretenida a la que le falta personalidad para destacar por encima de sus referentes. Si no existiera Black Mirror, quizá estaríamos hablando de otra cosa. Pero existe, y las comparaciones son inevitables.
Nota: 3/5
Y hasta aquí el sexto día
Cuatro películas seguidas, una siesta cinematográfica involuntaria y una jornada en la que, sin haber visto ninguna obra maestra, tampoco hemos tenido que sufrir demasiado. Un día bastante digno, con propuestas curiosas y alguna que otra idea interesante, aunque sin grandes sorpresas.
Mañana no me pasaré por el festival. Toca descansar un poco, poner orden en todo lo visto y aprovechar para preparar algunas críticas más desarrolladas y extensas, que hay películas que merecen algo más que unas cuantas líneas en este diario festivalero.
Así que nos tomamos un pequeño respiro y volvemos el jueves con más cine, más Sitges y, esperemos, menos sustos con las entradas.
¡Hasta el jueves, festivaleros!